Por estos días cuando hemos dado suficiente de qué hablar…cuando para bien o para mal nos mencionan en algunos círculos estudiantiles…cuando se ha generado gran expectativa de lucha y organización en muchos jóvenes, principalmente en las nuevas generaciones de universitarios…desde que se han generado emociones encontradas (alegría para algunos, rabia o desprecio para otros, preocupación para varios, miedo y desconcierto para otros tantos, aceptación o rechazo, críticas y alabanzas), nos hemos sentido con un doble compromiso o responsabilidad en nuestro proyecto político: 
1) Seguir contribuyendo con nuestros modestos esfuerzos a la organización y lucha popular.
2) La expectativa general del estudiantado nos imprime ciertas dinámicas y ciertos avances cualitativos y cuantitativos que antes no parecíamos contemplar.
Sin lugar a dudas obedecemos a un momento histórico bastante difícil. Podemos afirmar que el paradigma del siglo XX, que colocaba a todo discurso revolucionario a la ofensiva de los procesos políticos, ha cambiado drásticamente en los últimos años como consecuencia de reordenamientos a nivel mundial desde la escala económica hasta la cultural pasando por lo político y social. Habíamos visto y sentido el paso de un mundo bipolar hacia uno unipolar, de pensamiento único, hegemónico, capitalista. La caída de la Unión Soviética nos había colocado a los revolucionarios del mundo en una situación a la defensiva, contra el muro, rezagados, lejos de amplias posibilidades de materializar nuestros objetivos que hasta el momento habíamos considerado como estratégicos. Las condiciones del Socialismo como proyecto de humanidad han ido decayendo hasta niveles nunca sospechados, incluso para muchos es fácil sostener que las fuerzas reaccionarias han pasado a la ofensiva y han tomado la iniciativa.
Dada esta correlación de fuerzas a nivel mundial, había aparecido la tesis del “cierre del ciclo de las revoluciones antiimperialistas, entendiéndolas como enfrentamiento total, militar y económico con el imperialismo”. Esta tesis, que podría desconcertar a muchos desde que fue planteada por primera vez en 1990 por el Comandante Víctor Tirado (FSLN)-en el contexto de la derrota electoral sandinista de los 90 y un poco antes de la debacle soviética-, hoy es compartida por crecientes sectores de izquierda.
Ahora bien, aceptar esta correlación de fuerzas, y aceptar estas tesis, no nos tiene por qué llenar de fatalismos y pesimismos, no tiene por qué significar el abandono de la convicción de que sólo mediante programas revolucionarios nuestros países podrán lograr su autodeterminación social, económica, política y cultural. Solo se trata de reconocer las dificultades que existen para la victoria en este periodo ultraconservador en el que estamos viviendo.
Por supuesto que estas lecturas no son compartidas de manera homogénea por todos; habrá algunos, que se aferran más a sus concepciones dogmáticas, vanguardistas y sectarias: son los únicos “puros” que van quedando. Otros, que dan vueltas de 180° y llegan a renegar de todo el pasado y cuestionando todo el andamiaje teórico y organizativo que nos han legado las luchas por la emancipación de la humanidad. Por último, para un tercer grupo, el momento ha de significar una reafirmación de una serie de elementos que ya hemos empezado a incorporar, porque, producto del aprendizaje de éxitos y derrotas, una nueva cultura de izquierda tiene que empezar a nacer. No renegamos del pasado y del presente, lo examinamos critica y autocríticamente, rescatando todo lo que tenga de valioso.
Y en esas estamos, encontrándonos en el presente para visionar otro futuro, convergiendo alrededor de consignas, programas y prácticas alternativas que nos permita andar nuevos caminos, que nos permite encontrar formas y contenidos para la lucha que nos ha tocado emprender hoy. Nos hemos reunido alrededor de la consigna: “HACIENDO CAMINO AL ANDAR”. Atrás dejamos las verdades inmutables y preestablecidas, atrás deberían quedar las religiones cargadas de dogmas y recetas para la vida. Se hace necesaria una ruptura epistemológica para poder concentrarnos en asumir la vida como nos ha llegado hasta hoy; para incidir en los procesos; para analizar y actuar constantemente hacia la constitución de una alternativa política y social efectiva; para generar nuevas fuerzas actuando en el contexto histórico; para confluir en nuevos escenarios y horizontes de actividades, resistencias, voluntades y deseos que rechazan el orden hegemónico, proponen líneas de fuga y forjan itinerarios constitutivos novedosos.
Hacer camino al andar no nos ubica como los únicos y verdaderos portadores de la revolución, (nada más ingenuo que eso), sino que nos coloca de la mano de otros procesos y fuerzas que poseen también un legado histórico en las luchas del pueblo colombiano. Significa que nuestras luchas tienen que ir confluyendo poco a poco con otras luchas. Significa que el camino inevitable de la revolución es la unidad (en la diversidad y en lo heterogéneo, no en la hegemonía ni hegemonismos). Significa que nuestras bases populares deber ir integrándose cada vez más en la articulación del tejido social, o de múltiples tejidos sociales para no ser exclusivos ni excluyentes.
Pues bien, he ahí nuestra proclama, nuestro llamado. Los tiempos de la resignación y el pesimismo deben quedar de lado para dar paso a la imaginación y al espíritu creador humano, a las fuerzas motivadoras de las revoluciones: la gente.
Modestamente nuestra presencia en la Universidad pretende un reencuentro con nosotros, con nuestras luchas, con nuestros amigos, con nuestros cercanos, idénticos y hermanos, en la confluencia de una Fuerza Social que dinamice algunos escenarios de la lucha revolucionaria en Colombia.
Por eso estamos, con cierto aire de terquedad, pues aún no nos hacemos a la idea de que la revolución fracase; con cierto aire de rebeldes nos hemos tomado la palabra sin que nos la hayan dado, no para lanzar un grito, sino muchos gritos, esos gritos que surjan desde todos los rincones y espacios donde la humanidad haya dicho basta y se eche a andar.
Muy a la espera de todos,
P.A.R (Pensamiento y Accción Revolucionaria)
CON PERMISO O SIN PERMISO,
CON CAPUCHA O SIN CAPUCHA…
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